Cuando iba a abastecerse al Mercado de las Pulgas, se pasaba tres días sin volver a casa, en “expedición”, como él decía. Lo volvían a traer. Entonces profetizaba: “El porvenir ya veo yo cómo va a ser… Como una orgía interminable va a ser… Y con cine dentro… Basta con ver cómo es ya”.
Veía más lejos incluso en esos casos: “Veo también que habrán dejado de beber… Soy el último, yo, que bebe en el porvenir… Tengo que darme prisa.”
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